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martes, 30 de abril de 2013

"Muñecas golpeadas. Muñecas borradas" (Uypress. 26 de abril 2013)

MUÑECAS GOLPEADAS. MUÑECAS BORRADAS

Azul Cordo

26.04.2013

'Ey mujer, ¿qué se siente ser la creación perfecta?' frases como ésta, otras subidas de tono, otras con mensajes violentos y otros amorosos, se podían leer sobre el cuerpo de la mujer.



Este martes 23 de abril se cerró la campaña 'Mujeres por la ciudad' en Montevideo y, más allá de la alegría de las instituciones organizadoras porque, en parte, el objetivo se cumplió, una vez más en Uruguay se invisibilizó la especificidad de la violencia de género hacia las mujeres.
En distintos programas de radio se habló sobre esta iniciativa de haber puesto varias figuras icónicas femeninas en barrios de la ciudad y pudo escucharse que los ataques 'vandálicos' que sufrieron estas siluetas blancas -intervenidas en la capital y en Maldonado, aunque se hizo referencia a las que atacaron en Montevideo- eran eso: actos de vandalismo; como cuando se prenden fuego los contenedores por Avenida Rivera (como ejemplificó la Intendenta Ana Olivera), o como cuando se 'ensucian' con graffittis los monumentos a la altura de la rambla en Pocitos, por nombrar algunos comentarios.
Poco tendrá que ver entonces este ensañamiento con que las figuran fueran femeninas, en un país que solo durante 2012 tuvo casi 24 mil víctimas de violencia doméstica y es asesinada una mujer cada cuatro días en lo que va de 2013.
Una vez más se tapó el problema: se hizo borrón y cuenta nueva, algo que casi es también la propuesta del cierre de 'Mujeres en la ciudad': 'Redignificarlas' pintando las figuras nuevamente de blanco, tapando los insultos misóginos que tenían; los penes enormes dibujados en sus torsos; la exageración de sus pechos (y debajo la graffiteada: 'Tetitas') en otros; las denuncias de acoso ['me bajó la calza pero yo no quería :(']; los mensajes de amor romántico.
Todo cubierto de un blanco puro para 'resignificar' lo ocurrido: el destrozo de las figuras; las intervenciones que ponían en evidencia la violencia de la sociedad uruguaya hacia las mujeres. Taparlo bajo el argumento de la 'resiliencia'. 'Devolverles su dignidad' (¿una mujer violentada es indigna?) y 'Llenarlas de alegría con colores', como se explicó en el acto. 'Ponerlas lindas', como se dijo en radio.
Esto es como poner una base de maquillaje en la mejilla con moretones.

viernes, 28 de septiembre de 2012

"La guitarra es una herramienta de encuentro”

Entrevista a Pata Kramer 
FriendlyMap Primavera 2012

Por Azul Cordo

Con una postura que simula introvertida, ella atraviesa el largo pasillo, las manos en los bolsillos, los hombros apenas levantados y la guitarra que le cruza la espalda y se le asoma por detrás. Su pelo está recogido y apenas cae en suaves rulos. Tiene mirada firme y la voz grave (aunque eso lo sabremos, sobre todo, cuando cante y ruja sus versos). Lleva jeans anchos y championes. Está dispuesta a ayudar, a colaborar, a cantar. Y con cantar se propone cambiar. Es Pata Kramer.

sábado, 14 de julio de 2012

UTAA: 50 años de acción y solidaridad


Exposiciones en el MUME

UTAA: 50 años de acción y solidaridad*

El fotógrafo y comunicador Moisés Quintanilla está reconstruyendo la historia del sindicato UTAA a partir de fotografías y expone un adelanto de esta investigación en el MUME hasta fines de julio. Pasado y presente se cruzan en las historias de los cañeros y las cañeras, que marcharon junto a Raúl Sendic y hoy lo llevan como bandera.

Por Azul Cordo

Romana Boneto. Presidenta de Asociación de Mujeres de UTAA


Raúl Sendic junto a Marcelino Dutra en un campamento. Niños y niñas que corretean descalzos en torno a una olla popular. La Tigra en la entrada de su rancho de paja y chapa. Cañeros de Bella Unión en la redacción de Época. Estudiantes de Bellas Artes el 1º de mayo del ’68 quemando una rata frente a la Embajada de Estados Unidos. Imágenes rescatadas entre Montevideo y Bella Unión por Moisés Quintanilla para reconstruir la historia de UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), el sindicato de cañeros que 50 años después de su creación sigue luchando por trabajar la tierra de manera digna y sin explotación patronal ni del mercado, para que la tierra sea de quienes la trabajan.
Salvadoreño exiliado en Uruguay, donde vive desde hace 20 años, Moisés es fotógrafo y comunicador y trabaja de manera independiente para distintos medios. Siguiendo el Movimiento por la Tierra, para dar cobertura periodística, de su renovación por el reclamo de tierras, pedidos de expropiación, reclamos ante el Instituto de Colonización por el peludo Ney Thedy, Quintanilla fue conociendo más y más la historia de UTAA y las vidas de quienes constituyeron y sostienen hoy este sindicato.
“La historia de UTAA es muy particular y logra entrar en la trama del Uruguay entero”, señala Moisés emocionado tras la inauguración de la exposición en el MUME “UTAA. 50 años de acción y solidaridad”, el pasado 9 de junio. Siguiendo sus reivindicaciones, y con un aniversario tan importante como es medio siglo de existencia, este joven se planteó “reconstruir la historia de UTAA a partir de fotos”. “Esta muestra es el inicio para que la historia se reconstruya”, afirma, dado que espera que entre los visitantes, el boca a boca y la difusión, se acerquen más personas vinculadas a lo que fue (y es) UTAA y brinden material gráfico, fotográfico y documental para poder hacer una trama colectiva de este movimiento de trabajadores cañeros.

viernes, 13 de mayo de 2011

Madrecita Santa

El mito de la madre perpetúa el sistema patriarcal

Guadalupe Cruz Jaimes (CIMAC)

El amor e instinto maternal son construcciones culturales que son
aprendidas y reproducidas por las mujeres, señala Lorena Saletti Cuesta,
investigadora de la Universidad de Granada, España, en su libro “Propuestas
teóricas feministas en relación al concepto de maternidad”.

Mientras la capacidad de parir es algo biológico, la necesidad de convertir
la maternidad en un papel primordial para las mujeres es resultado del
mandato social, refiere el análisis.
La investigadora indica, con base en diversos estudios feministas, que “la
maternidad es un sentimiento variable que depende de la madre, de su
historia y de la historia”.

La construcción cultural de la maternidad crea “un nuevo tipo de vínculo y
un nuevo mito: la creencia de que toda mujer no sólo es madre en potencia,
sino que es madre en deseo y necesidad. No existe el instinto maternal, la
maternidad es una función que pueden o no desarrollar las mujeres”.

Al designar el ser madre como un hecho natural, “la ideología patriarcal
sitúa a las mujeres dentro del ámbito de la reproducción biológica, negando
su identidad fuera de la función materna”, explica Saletti.

Agrega que el hecho de que las mujeres son las que procrean es invariable,
pero esta posibilidad biológica “se convierte en un mandato social a través
de la afirmación del instinto materno universal en las mujeres”.

Así, el mito del instinto maternal, supuestamente natural e intrínseco,
predestina a las mujeres a ser madres para que posteriormente se dediquen
con prioridad al cuidado de sus hijas e hijos.

La consideración de la maternidad como natural e inevitable, dictamina que
toda mujer debe querer y debe ser madre, y quienes biológicamente no puedan
serlo o se nieguen a ejercer esta función “son desviadas o deficientes como
mujeres”.

Culturalmente, a las mujeres no sólo se les exige ser madres, ellas deben
hacerlo con el “amor incondicional” que la sociedad demanda, si no
demuestran ese afecto son calificadas de “malas madres”.
Para la teórica feminista Simone De Beauvoir, cita Saletti, el lugar que
ocupan las madres en la sociedad es un lugar de subordinación y de exclusión
de la categoría sujeto social.

Los ámbitos público y privado colaboran por igual en mantener el sistema
social, pero no gozan del mismo prestigio dentro del mismo, ya que la
procreación y crianza de los niños y niñas no es reconocida como un trabajo
productivo para la sociedad, sostiene.
La mitificación de la maternidad sirve para ocultar la poca importancia
real que la sociedad otorga a este laborioso, complejo y determinante
trabajo. Como ser madre es algo “natural” tampoco se reconoce el alto costo
personal que la maternidad supone para las mujeres, señala Marta Lamas en su
artículo “Madrecita Santa”, contenido en el libro Mitos mexicanos.

El desmoronamiento del mito de la madrecita santa debería llevar, pues, a
una redefinición de una nueva forma gozosa, compartida y responsable de
tener y criar hijos. Dejar de considerar la maternidad como sinónimo de y
empezar a considerarla como un hecho amoroso que requiere, para poder
ejercerlo a plenitud, de un paso previo: el amor de la mujer a sí misma,
concluye la experta.