domingo, 25 de mayo de 2008

sábado

ti
tenía ganas de sali y oootra vez mensajear a ver quien me quuiere responder. (me habré convertido en sms?, diría Pablo). suena a premonición.
o tal vez, esto lo pensaba bajo una garúa de frío, alguien me hizo un gualicho de olvidar, y estoy pagando las consecuencias.
claro, a uno se le escapa la omnipotencia sin darse cuenta, capaz.
pero no pido mucho. tengo ganas de salir!!! es sábado, toy maquillada, etngo onda 8si me vieran bailar!!!). me quiero divertir. pido que alguien tenga media pila y que no juegue a "¿Cuál es tu plan?". Ninguno, pelotud@, te tiro la punta del ovillo para ver si me decis, bueno, nos encontramos en la fiesta, mientras mi amiga me refriega en la cara su novio a distancia que le sale bien, que viene y ella tiene una cara de volada que pasma.
no pido mucho. pido que alguien, esté donde coño latitud sea que esté, me considere parte de su plan. una cerveza en común pido. ¿miren que chica tan genial soy?

por suerte, a él en marzo se le ocurrió que yo no podía dejar de conocer algunas cosas, letras y músicas, como por ejemplo a Darnauchans. Y gracias a Dios (por muy ateos que seamos todos!!!).
Porque ahora sé que: "Andarás por algún lado dándole sentido a las cosas del aire, justificando los vuelos de los helicópteros y las palomas.... vas quemándome las dudas vienes encendiéndome las esperanzas y te duermes en mi cama amaneces despierta es tuya la mañana..."
y Vendrán las flores

quiero ser parte de un plan. de tu plan. de tomar mate, salir a bailotear. fiesta bubamara. algo. algunas etcs.
consiguete una buena compañía para ver las estrellas (4 pesos de propina). Yo la tengo la compañía, ideal, pero no acá. teletransportáte!

tampoco estoy pidiendo un pony, no?

domingo, 4 de mayo de 2008






dime dónde estás


dime dónde vas


dime lo que ves





no necesito tener alas pa' volar





respira


renace


quién dijo que era fácil la partida???


tu eliges, juega





descansa


tu tranquilita, niña, y no pierdas la calma


que todo llega


y sólo tarda lo que tiene que tardar





el viento sopla...


déjate llevar


para los tic tac


y da cuenta atrás





la vida es breve y dos veces bella


a veces dura, cuanto te revienta


sientes a veces te adormece y otras te desvela


te equivocas, otra aciertas


una entiendes


y otras no entiendes una mierda





respira





playas mojadas,


baja la guardia


y en mi cabeza la espuma de tu cuerpo que embellece, que da ganas


así despacito


recorreme con libertad!


http://www.ojosdebrujo.com/
no existe competición para tanta hipocresía

hablar de lo que uno no sabe trae mal agüero

www.ojosdebrujo.com

Ojos Blindados

Medio dormida y con la alergia que me da cada mañana caminé a los tumbos hasta el baño. Prendí la luz y su chispazo por el cortocircuito del enchufe me despabiló un poco. El agua fría de la canilla siempre hace bien sobre un rostro taciturno, así que humedecí mis mejillas, la frente y las sienes. Eso ayudaba algo más. Una costumbre que me quedó desde pequeña, desde aquella larga conjuntivitis que pegoteaba mis pestañas y párpados, y que mamá despegaba cada mañana con un algodón humedecido con agua tibia, es lavarme la cara todos los días al levantarme.

A veces resulta un acto automático y sin importancia. Otros despertares son más complejos, cuando se mezclan lagañas y maquillaje desprolijo de la noche anterior.

Hoy no había ni pegote, ni lagañas, ni maquillaje. Mojaba mis párpados una y otra vez, refrescándolos con agua helada, pero nada. Allí seguían. Unidos. No por una mucosa extraña, sino por el sueño.

Creía, en mi cabeza, que ya estaba despierta… pero… con los párpados unidos, ¿quién puede asegurar que no sigo durmiendo?

jueves, 1 de mayo de 2008

Girondo

Inspirada en el poema Derrumbe de Oliverio Girondo

Perdí la cuenta de las descargas. Iban abajo y más abajo. Llegaron muchas veces hasta allí, y ardía.
Ellos gritaban “¡Abajo! ¡Más abajo!” y la electricidad me recorría.
Mi cabeza daba vueltas y vueltas. Quedaba mareada cuando finalizaba la sesión; shockeada y sin poder reaccionar. Ya no podían ir más abajo, no había más para electrizar. Entonces me tiraban del catre al suelo y yo tenía sed. El mareo hacía sentir que ese golpe al piso no eran escasos centímetros, sino un largo, eterno y doloroso espiral.
Mi existencia se derrumbaba. Me volvía una ausencia, una sombra quizá. Llegaba a la celda arrastrando los pies. De manera fantasmagórica, los fragmentos que quedaban de mi cuerpo secuestrado, ululaban entre los escombros y las ruinas de aquella cárcel clandestina. La masa informe, que antes había sido mi piel, lograba acomodarse contra un rincón. En mis sienes, quemadas con doscientos veinte voltios, un turbio remolino mezclaba las risas y caricias que supe tener, con los gritos mutilados que se oían al final del pasillo.
Abajo y más abajo se hundían las posibilidades de ser libre. Como pensamientos desconocidos, el amor, el deseo y la lucha se habían vuelto esquirlas que me herían, incrustándose en mi pecho.

Entre la luz y la penumbra
Entre el recuerdo y el olvido
mi aliento se apaga

jueves, 3 de abril de 2008

Principe Azul

parece que existe...

Sueñas el prí­ncipe azul
Nena chiquita eres tú
Luna de queso tendrás

Cuando la luna salga

Suenan las doce y tendrás
Zapatitos de cristal
Prí­ncipe azul ya vendrá
Ratoncitos lo traerán

Cuando despiertes del sueño
Ya no tendrá luna el cielo
Debes buscar ese beso

Sigue tu sueño mejor
Bosque encantado tendrás
Junto al conejo tambor
Blancas ardillas vendrán

Eduardo Mateo
(es un hit)

domingo, 30 de marzo de 2008

Otra mirada es posible

René Burri es esa foto del Che. Pero es mucho más. Es una lente juguetona, avispada. Es una Leica de riesgo. Una mirada que muestra la tragedia en serie. Una lupa que supera el momento decisivo de Cartier Bresson. Es el descubrimiento de la condición humana en blanco y negro. Es la crónica periodística en imágenes.
René Burri nos recuerda que cada clic es un juego. Recupera lo lúdico en la fotografía, el guiño al público y la construcción colectiva del significado de cada retrato. Nos muestra lo que vio, haciéndonos partícipes. Escuchamos junto a él los bombardeos, gritos y llantos de las guerras; así como los sonidos de las panderetas, cada vez que un niño sordomudo las golpeó contra las palmas de sus manos. Recorrimos el atelier de Picasso y vimos temblar de frío a esa modelo desnuda por el estudio. Fuimos fantasmas ocultos en los rincones del circo.

MOMENTOS DECISIVOS
Cuando uno se rebela ante algo, está implícito el reconocimiento y la valoración ante ese “algo” que se quiere subvertir. Burri no niega la maestría de Cartier- Bresson y su manera de hacer escuela en la fotografía. Sin embargo, se rebela ante el uso del momento decisivo en fotografía, sugerido por el maestro en su práctica.
En cualquier existencia hay momentos únicos e irrepetibles. Si pueden ser capturados por una lente, no sólo son únicos sino que se vuelven trascendentes… tanto en un álbum familiar como en una exposición; en un portarretrato y en la tapa de una revista o en un fotorreportaje.
El momento decisivo de Cartier Bresson es, intentando un paralelismo, como cuando se habla de la felicidad. Si se intenta definir a la felicidad, muchas veces se podrá arribar a la conclusión (aunque no de manera concluyente) de que ésta consiste en momentos. No se es feliz todo el tiempo, porque todo es mucho y, si la felicidad existiera siempre, nos e la podría distinguir de otros estados de ánimo y no se le daría el plus de valor que trae consigo.
Ahora bien, la felicidad son momentos (en plural). Por lo tanto, para arribar a esa foto, a ese momento decisivo, éste estuvo compuesto de un conjunto de momentos que se encadenaron para su resultado final. La decisión de Burri es mostrarnos el conjunto.
Hay fotos decisivas, definitorias, pero su fuerza y su toque especial está también en mostrarnos que no está aislada de un conjunto de hechos. Es decir: se llegó a esa imagen porque antes existieron otras.
Burri pone en la balanza el valor de los acontecimientos. Nos recuerda – o nos muestra por vez primera –, que los hechos no surgen de la nada; que hay que considerar el conjunto. Los motivos (humanos, en el caso de este fotógrafo) están inmersos en movimientos más grandes. La foto no es una foto sola – aislada-: fue un rollo.
Los fotógrafos, como testigos presenciales de sucesos irrepetibles, no están condenados a preponderar una imagen por sobre su conjunto. Pueden elegir, como Burri, mostrarnos hechos en serie.

UN MUNDO, UNA GUERRA
Burri, de manera casi azarosa en un principio, y luego con su trabajo y crecimiento profesional en la Agencia Mágnum, es testigo de momentos decisivos para la humanidad, esos que luego se denominan momentos históricos. Es responsable, gracias a una extensión de su vista y su cuerpo, como es la lente de la cámara, de mostrarnos qué ocurrió alrededor del mundo.
Podría nombrarse cómo decidió contar las clases en la escuela de niños sordomudos de Zurich, o los juegos de las pequeñas gitanas en Europa del Este, o asignar características a las poblaciones, como su recordado libro sobre Alemania, marcando sus tensiones, y la serie de fotos de los franceses como despreocupados o los italianos con su luminosidad. También los retratos en las latitudes de China, Egipto, Checoslovaquia, África de Sur o Pakistán.
Pero algo para destacar es, en breves palabras, su particularidad mirada sobre la guerra. En las imágenes de Burri con motivos bélicos no se muestra la muerte. Probablemente porque este fotógrafo esquiva la obviedad.
En la exposición retrospectiva, la sala que expone Territorios de guerra agrupa las fotos que retratan los distintos enfrentamientos mundiales sin que aparezca la sangre, las heridas, los cadáveres. Como el Hitchcock que no quiere usar en Psicosis el Technicolor porque cuando chorrea sangre, ésta siempre es roja; Burri nos muestra los rincones de los espacios invadidos y violentados. El joven vietnamita maniatado y tabicado bajo las ruedas de un tanque. Las formaciones de soldados y militares adquiriendo líneas de abstracción. Los gritos mudos de los rehenes que corren hacia ningún lado.

René Burri es esa foto del Che. El revolucionario en su intimidad de la oficina gestando otro mundo posible. Esa seguridad en la mirada. Ese secreto de estrategia guardado. Ese humo cálido y envolvente de habano y de alma enriquecida.
René Burri es ese fotógrafo que se atrevió a jugar. A fotografiar en serie. A contarnos que otra mirada de un mundo es posible.